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Nací
en Melilla en 1.970 , pequeña y mágica ciudad
española del norte de Africa enclavada en el
Reino de Marruecos. Mi ciudad natal es una
puerta, una frontera entre dos mundos muy
diferentes, Europa y Africa. Un puente y un muro
a la vez.
Desde mi infancia desarrollé
una especial fascinación por las calculadoras
que más tarde, hacia 1982, desemboca en una
atracción incondicional por las
microcomputadoras de la época.
Recuerdo con cierta nitidez
escenas de mi infancia jugando y experimentando
con los dígitos luminosos de una calculadora y
la magia del resplandor verdoso de sus diodos
leds iluminando la oscuridad de mi habitación.
Ni que decir hay que los años setenta eran malos
tiempos para la informática doméstica y lo más
a lo que podía aspirar era a soñar con la
calculadora científica de mi primo que era más
grande y tenía más botones con extrañas
palabras en inglés que lanzaban largos números
sobre la pantalla ¡solo con pulsarlos!.
A los 8 años hice la
comunión por el rito católico como todo buen
cristiano, a los 11 años estaba plenamente
convencido de la no existencia de dios.
Durante la segunda parte de
la década de los setenta me vuelco por completo
en conocer el mundo de los animales. Grandes
enciclopedias como "La aventura de la
vida", "Fauna", "Enciclopedia
canina" y otras colecciones documentales
pasan a engrosar la biblioteca de una personita
que apenas ha cumplido los 10 años.
La zoología ocupa la mayor
parte de mi tiempo libre hasta bien entrada la
década de los 80, más o menos 1982, momento en
el que la microinformática irrumpe en mi vida de
forma impactante. Durante 1982, junto con algunos
amigos, me dedico a remitir cartas a diferentes
empresas nacionales solicitando información y
catálogos sobre microordenadores del momento con
el fin de hacerme con algo de documentación y
fingiendo estar interesado en la adquisición de
uno de estos productos. Sus precios eran
prohibitivos para un adolescente, y reflejaban
que aquellas maquinitas con botones y
letras serigrafiadas eran algo más que un
juguete. Mi pasión por los ordenadores ya estaba
decidida, y hacia 1982, una computadora de
bolsillo (pocket computer) Casio FX-702P se cruza
en mi vida confirmando mi tendencia. Cuando
realizo mi primer cursillo de programación,
tiene lugar mi primer contacto con una de estas
maquinitas, una computadora de bolsillo, aún la
recuerdo, la FX-702P era programable en lenguaje
Basic y sencillamente preciosa y aunque algunos
pensaran que se trataba de una simple calculadora
científica (ciertamente estaban equivocados), yo
aún me mantengo al acecho en ebay para conseguir
una de estas reliquias a buen precio.
* De hecho, ya conseguí una máquina entrañable
en Suiza y de la que un día espero poder
contaros muchas cosas interesantes, una maravilla
de la ingeniería: la Sharp PC-1350 con
ampliación de memoria RAM de 16 KB! Resulta
increíble lo que es capaz de hacer esta máquina
programable en BASIC lineal.
Poco después de
eso, en 1983, llega a mis manos mi primer
ordenador personal, que aún hoy conservo. Yo
aún no podía imaginar que aquella máquina
transformaría mi vida por completo. El ZX-81 de
Sinclair, con un sólo KiloByte de memoria RAM,
fue suficiente para despertar la mente de un
adolescente inquieto y apasionado por las
máquinas y arrastrarme de por vida al
apasionante mundo de la programación y de las
computadoras. Tras este equipo otros muchos
pasaron por mis manos durante aquella década
prodigiosa, ZX-Spectrum, Oric-Atmos, Laser-200,
Casio PB-1000, Commodore Amiga. Algunos de ellos,
aún hoy ocupan un lugar privilegiado en mi
estantería. Otros muchos, se quedaron en un
sueño sin hacerse realidad (Sinclair QL, Laser
3000).
Durante este periodo, algunos
profesores marcaron en mí una huella imborrable
con su ejemplo de entrega, apasionados por la
educación y por el conocimiento. Con especial
cariño recuerdo a D. Angel Castro Maestro (con
el que aún hoy mantengo contacto a través de
internet) y a D. Eduardo Guerra Melenas, profesor
de matématicas e informática en el Instituto.
Así pues, a la edad de 15
años abandoné los estudios para comenzar a
trabajar en la empresa familiar de mi padre
(quizá fue más un capricho que una necesidad),
estudios que más tarde retomé sin demasiado
afán y abandonando nuevamente a mediados de
C.O.U. (antiguo Curso de Orientación
Universitario) una vez concluído el antiguo
B.U.P. (Bachillerato Unificado Polivalente). A
esas alturas, mi pasión por la programación y
los ordenadores sigue siendo la misma que el
primer día, y aún existiendo épocas de vacío
en el contacto con las máquinas, la cuasi
obsesiva atracción por el ordenador permanece en
estado de "vida latente", dispuesto a
eclosionar en cualquier momento cuando las
variables circunstanciales lo permitan.
Transcurridos muchos años,
ya casado y con hijos, por "hacer algo"
oficial en el terreno de la informática, volví
a matricularme, esta vez en Informática de
Sistemas de Formación Profesional, aún recuerdo
la ilusión y el nombre del centro, Instituto
Politécnico de Montilivi (Girona), pero
nuevamente, y trás dos años matriculado, lo
abandoné en 5º curso. Era bonito, aunque como
siempre, seguía dedicando poco tiempo a algunas
asignaturas como Inglés, contabilidad, catalán
y alguna otra. En definitiva que acabé con un
montón de libros antiguos de informática en mi
estantería, lo cual debo reconocer que me
encanta.
Desde siempre, las ideas han
explosionado en mi mente y ni un solo día he
dejado de aprender cosas nuevas de una forma o de
otra. El conocimiento, la ciencia y sobre todo la
informática siempre me han fascinado. Ya ven,
una mente inquieta. Lo cierto es que a medida que
pasan los años la inquietud por el conocimiento
no cesa en absoluto, al contrario, continua su
línea ascendente y progresiva.
Hace unos pocos años, mi
hermana, licenciada en psicología, me comentó
algo acerca de mí que yo mismo desconocía y que
podría ser la respuesta a esa conducta casi
obsesionada por el conocimiento, y es que los
test psicotécnicos que realicé con apenas 11
años en el colegio donde estudiaba y que ella
aún conserva, arrojaron datos nada normales.
A estas alturas, si pude o no
hacer algo distinto en la vida no lo sé, pero
eso no me preocupa. Hoy, con dos hijos
maravillosos y todas las obligaciones propias de
un padre y un marido, el tiempo se ha convertido
en algo muy preciado que intento aprovechar al
máximo en los pocos ratos libres de los que
dispongo compaginándolo con un trabajo mal
remunerado pero estable. Y es que, tal y como yo
mismo he escrito algunas veces, "No deja de
resultar curioso, cuando realmente te das cuenta
de que tu verdadero sitio podría haber estado en
un laboratorio rodeado de computadoras y
dedicando tu vida a la investigación es posible
que tengas treinta y tantos años, un sueldo
ridículo, una familia maravillosa, una hipoteca
inmensa y además, hace mucho tiempo que
decidiste dedicarte a otro trabajo no menos
honrado, pero tal vez no tan apasionante, por lo
que sólo te queda la opción de seguir soñando
que un día, desde el laboratorio de tu
imaginación, rozarás el cielo con la punta de
tus dedos."
¿Estudiar una carrera
superior?. No, las prioridades han cambiado y los
objetivos también. Ahora que estoy descubriendo
disciplinas tan apasionantes como la astronomía,
la biopsicología, la climatología, la
dedicación necesaria a mi familia, es todo mucho
más dificil. Querría disponer de todo el tiempo
del mundo y el dinero suficiente para poder
estudiar varias carreras y fusionar los
conocimientos que aún viven aislados en la mente
de miles de científicos, la integración es tan
difícil. Si hay algo de lo que me encuentro
plenamente convencido en relación con el futuro
de la ciencia en cualquiera de sus campos, es que
los mayores éxitos serán fruto de la fusión
multidisciplinar.
Esta web sobre ideas que se
me ocurren acerca de las más diversas materias,
es mi último trabajo, tal vez fruto de esa
inquietud mental que me obliga a manterme en un
"continuo estado de procesamiento".

Rafael
Lomeña Varo © 2006

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